«Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.» Mateo 4:4

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Lecciones de Escuela Sabática en Audio

Lección 03 – El Pacto perpetuo

“Vi volar por en medio del cielo a otro ángel, que tenía el evangelio eterno para predicarlo a los moradores de la tierra, a toda nación, tribu, lengua y pueblo” (Apoc. 14:6). Observa, es “el evangelio eterno”, que siempre existió, que siempre estuvo allí, que se nos prometió en Cristo Jesús “desde antes del comienzo del tiempo” (Tito 1:2, RVA-2015).
Por lo tanto, no es de extrañar que la Biblia hable en otras ocasiones sobre el pacto “perpetuo”, “eterno” o “sempiterno” (Gén. 17:7; Isa. 24:5; Eze. 16:60; Heb. 13:20), porque la esencia del evangelio es el Pacto, y la esencia del Pacto es el evangelio: Dios, por su gracia y su amor salvíficos, te ofrece una salvación que no mereces y que nunca podrás ganar; y tú, en respuesta, le devuelves el amor “con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas” (Mar. 12:30); un amor que se manifiesta por la obediencia a su Ley: “Pues este es el amor a Dios, que guardemos sus mandamientos” (1 Juan 5:3).
Esta semana veremos la idea del Pacto según se expresa en el libro de Deuteronomio, donde el Pacto y todo lo que este implica se ponen de manifiesto.

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Lección 02 – La lección de historia de Moisés

“Estas son las palabras que habló Moisés” (Deut. 1:1). Así comienza el libro de Deuteronomio. Y, aunque Moisés y la presencia de Moisés dominan el libro, desde estas palabras iniciales hasta su muerte en la tierra de Moab (Deut. 34:5), Deuteronomio (como toda la Biblia) en realidad tiene que ver con el Señor Jesús. Porque él es quien nos creó (Gén. 1; 2; Juan 1:1-3), nos sostiene (Col. 1:15-17; Heb. 1:3) y nos redime (Isa. 41:14; Tito 2:14). Y, en un sentido más amplio de esas palabras, Deuteronomio revela cómo el Señor siguió creando, sosteniendo y redimiendo a su pueblo en este momento crucial en la historia de la salvación.
Básicamente, justo cuando los hijos de Israel están por entrar en Canaán, Moisés les da una lección de historia, un tema que se repite en toda la Biblia: recuerden lo que el Señor ha hecho por ustedes en el pasado. “No tenemos nada que temer del futuro, a menos que olvidemos la manera en que el Señor nos ha conducido, y lo que nos ha enseñado en nuestra historia pasada” (NB 193).

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Lección 01 – Preámbulo de Deuteronomio

El libro de Deuteronomio, por supuesto, no surgió de la nada. Como todo en la vida, Deuteronomio existe en un contexto; y –como todo en la vida– ese contexto juega un papel importante en la interpretación de lo que significa el libro y cuál es su propósito.
Lo precedió mucha historia, una historia que explica las circunstancias, no solo del libro en sí, sino también del mundo y el entorno que crean su contexto. Así como sería difícil entender el propósito y la función de un limpiaparabrisas fuera del contexto de un automóvil, sería difícil entender Deuteronomio –especialmente nuestro enfoque (Deuteronomio y la Verdad Presente)– fuera del contexto en el que surgió este documento bíblico.
Alguien leyó La guerra y la paz, del escritor ruso León Tolstói, unas mil quinientas páginas, en solo tres días. Cuando se le preguntó de qué trataba el libro, el lector respondió: “Se trata de Rusia”.
Abarcar en una lección semanal los miles de años de historia antes de llegar a Deuteronomio es hacer algo parecido. Pero, al centrarnos en los aspectos más destacados, podemos ver el contexto necesario para comprender mejor este libro, tan lleno de la “Verdad Presente”.

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Lección 13 – El descanso supremo

¿Alguna vez sentiste que estabas en medio de una gran batalla, una especie de lucha entre el bien y el mal? Y nos sentimos así porque, bueno, es verdad: estamos en una gran batalla entre el bien y el mal,
entre Cristo (el bueno) y Satanás (el malo).
Por ende, la vida en realidad sucede en dos niveles. El Gran Conflicto entre Cristo y Satanás está teniendo lugar a escala mundial; por cierto, incluso en un nivel cósmico, porque en el cielo es donde comenzó (Apoc. 12:7). No obstante, en la confusión de los acontecimientos, podemos perder fácilmente el cuadro general del plan de escape que Dios ideó para este mundo. Las guerras, la agitación política y los desastres naturales pueden causarnos terror e indefensión. Pero la conducción profética de Dios puede ayudarnos a tener presente el panorama general de hacia dónde vamos y cómo llegaremos allí.
El Gran Conflicto también se está librando en un nivel mucho más personal. Todos enfrentamos individualmente los desafíos de la fe en nuestra vida diaria, y si no vivimos hasta la segunda venida de Jesús, también enfrentaremos la muerte. Esta semana, veremos cómo podemos descansar en Jesús frente a las agitaciones globales y nuestro futuro personal incierto, al menos a corto plazo. ¡A largo plazo, las cosas se ven muy prometedoras, por cierto!

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Lección 12 – El profeta sin descanso

Una de las historias más interesantes de las Escrituras debe ser la de Jonás. Allí estaba él, un profeta de Dios, alguien llamado por Dios, y sin embargo, ¿qué? Huye del llamado de Dios. Entonces, después de haber sido persuadido de una manera dramática de cambiar de opinión y obedecer al Señor, lo hace; pero ¿solo para qué? ¡Para quejarse porque el pueblo al que fue llamado a testificar se arrepintió y se salvó de la destrucción que, de lo contrario, le habría tocado!
¡Qué ejemplo de alguien sin descanso, sin paz, hasta el punto de ex- clamar: “Ahora pues, oh Jehová, te ruego que me quites la vida; porque mejor me es la muerte que la vida” (Jon. 4:3)! El mismo Jesús se refirió a la historia de Jonás, diciendo: “Los habitantes de Nínive se levantarán en el juicio contra esta generación y la condenarán; porque ellos se arrepintieron al escuchar la predicación de Jonás, y aquí tienen ustedes a uno más grande que Jonás” (Mat. 12:41, NVI). ¡Más grande que Jonás, sin duda! De otra ma- nera, no podría ser nuestro Salvador.
Esta semana, veamos a Jonás y lo que podemos aprender de su falta de descanso y paz.

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Lección 11 – Anhelo de más

El Museo de Arte de Queens, en Nueva York, Estados Unidos, alberga el modelo arquitectónico de la ciudad más grande del mundo, que muestra todos los edificios de Nueva York. En una escala de 1:1.200 (donde 2,5 cm, o 1 pulgada, corresponden a 33 metros, o 100 pies) cubre casi 870 metros cuadrados (9.335 pies cuadrados). Originalmente, cien artesanos que trabajaron por más de tres años para completar el proyecto lo terminaron en 1964. Este se actualizó a la década de 1990, por lo que no refleja el paisaje urbano de 2021. Es una copia asombrosamente intrincada y detallada del original.
Sin embargo, finalmente continúa siendo solo eso: una copia, un modelo, una representación de algo más imponente, más grande, más profundo y mucho más complejo que el modelo en sí.
En realidad, así son todos los modelos. No son los originales, sino que solo funcionan como símbolos de los originales. Un modelo nos ayuda a captar la esencia del original, pero nunca podrá reemplazarlo. Está allí para ayudar a las personas a comprender mejor de qué se trata el original.
Las Escrituras están llenas de modelos en miniatura de actividades e instituciones que apuntan a realidades celestiales más grandes. Hebreos 4 nos ayuda a descubrir una de estas realidades en lo que respecta a la cuestión bíblica del descanso.

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Lección 10 – El descanso sabático

Escuchamos todo tipo de argumentos en contra de guardar el sábado, ¿verdad? Escuchamos de todo, desde que Jesús cambió el sábado al domingo, o que Jesús abolió el sábado, o que Pablo lo hizo, o que los
apóstoles reemplazaron el sábado por el domingo en honor a la resurrección, entre otras cosas. En los últimos años, algunos de los argumentos se han vuelto más sofisticados. Estos afirman, por ejemplo, que Jesús es nuestro descanso sabático y, por lo tanto, no necesitamos santificar el sábado ni ningún otro día. Y, por supuesto, siempre existirá el argumento, por extraño que sea, de que al descansar el séptimo día, de alguna manera, buscamos ganarnos el cielo.
Por supuesto, como adventistas del séptimo día entendemos la perpetuidad de la Ley moral de Dios y que la obediencia al cuarto Mandamiento, tal como está escrito, no nos abre camino al cielo así como tampoco nos ganamos el cielo al obedecer el quinto, el sexto, el primero o cualquier otro Mandamiento.
Esta semana analizaremos con más detalle el descanso que Dios nos ha dado en el Mandamiento del sábado y por qué es importante.

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Lección 09 – Los ritmos del descanso

¿Quién se puede imaginar cómo habrán sido las obras de la Creación: la luz en medio de la oscuridad, los océanos rebosantes de vida, las aves que de repente levantan vuelo? ¿Y la creación sobrenatural de Adán y de Eva? Ni siquiera podemos empezar a comprender cómo lo hizo Dios. Sin embargo, después de todo este proceso de creación activa, Dios centró su atención en algo más. A primera vista, no parecía tan espectacular como las ballenas saltarinas ni las deslumbrantes exhibiciones de plumas de las aves. Dios simplemente creó un día, el séptimo día, y luego lo hizo especial. Aun antes de que la humanidad se autoimpusiera una vida estresante, Dios estableció un mojón como una ayudamemoria vívida. Dios deseaba que este día fuera una ocasión para que nos detuviéramos deliberadamente a disfrutar de la vida; un día para ser, no para hacer; para celebrar el regalo de la hierba, el aire, la vida silvestre, el agua, la gente; y, sobre todo, al Creador de todo lo bueno.
Esta invitación continuó aun después de que la primera pareja fuera desterrada del Edén. Dios quería asegurarse de que la invitación pudiera resistir la prueba del tiempo y, por eso, desde el principio la tejió en la misma urdimbre del tiempo.
Durante esta semana, estudiaremos la maravillosa invitación de Dios a entrar en un reposo dinámico, una y otra vez, cada séptimo día.

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Lección 08 – Libres para descansar

Muchos de los que se encontraron con Jesús en su ministerio terrenal eran enfermos, a veces incluso enfermos terminales. Acudían en masa a Jesús en busca de salud y descanso de sus sufrimientos. Y siempre los obtuvieron.
A veces, Jesús solo decía una palabra, y se recuperaban por completo.
A veces tocaba a los enfermos, y se sanaban milagrosamente. A veces los despedía, y la curación se producía yendo de camino. Jesús sanó a hombres, mujeres, niños, judíos, no judíos, ricos y pobres, y a gente sencilla. Los peores casos de lepra y ceguera no quedaban fuera de su alcance. Por cierto, incluso sanó a los que padecían la peor “enfermedad” de todas: la muerte.
Esta semana, analizamos dos ejemplos de curación muy diferentes. En uno, la persona estaba tan enferma que ni siquiera podía acercarse a Jesús por sus propios medios. Sus síntomas eran bien visibles para todos. En el otro caso, no había síntomas visibles ni obvios. En ambos casos, la sanidad llegó a la manera de Dios y a su tiempo.
Al explorar el tema del descanso del dolor y el sufrimiento, también consideraremos la pregunta que todos, en algún momento u otro de nuestra experiencia cristiana, nos hemos planteado: ¿Qué sucede cuando oramos por sanidad y no recibimos respuesta?
¿Cómo hallar descanso entonces?

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Lección 07 – El descanso, las relaciones y la salud

Un hombre había sido acusado de agredir sexualmente a una mujer. Ella lo identificó positivamente en una rueda de reconocimiento. Aunque las evidencias hacían que la culpabilidad de él fuera dudosa, la mujer insistió en que “Johnny” era el culpable.
Y así Johnny fue a la cárcel, donde se pudrió durante catorce años por un delito que no cometió. Recién cuando las evidencias de ADN lo exoneraron, la mujer, “Joan”, se dio cuenta de su terrible error.
Quería conocer a Johnny después de que lo liberaron. ¿Qué haría este hombre, que sufrió tanto, cuando se encontrara cara a cara con la mujer que le había arruinado la vida durante tantos años?
Ella lo estaba esperando en una habitación. Cuando él entró, se miraron a los ojos y Joan se largó a llorar.
“Johnny simplemente se inclinó y me tomó las manos, me miró y me dijo: ‘Te perdono’. Yo no podía creerlo. Allí estaba este hombre al que yo había odiado y solo le deseaba la muerte. Y sin embargo, ahora, aquí estaba él, diciéndome a mí, que le había hecho tanto mal, que me perdonaba. Recién entonces comencé a comprender de qué se trataba realmente la gracia. Y recién entonces comencé a sanar y a tener un verdadero descanso”.

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