«Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.» Mateo 4:4

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Lección 11 – Los engaños del tiempo del fin

Nuestro mundo contemporáneo se ha convertido en un crisol de lo sobrenatural y lo místico, con ayuda de las películas de Hollywood con temas religiosos y místicos, en una mezcolanza de error y engaño. La vieja mentira “ciertamente no morirán” (Gén. 3:4, RVA-2015) también ha inspirado algunos de los libros, videojuegos y películas más populares de las últimas décadas. Sin lugar a dudas, estamos expuestos al terreno encantado de Satanás, que en algunos casos puede quedar oculto bajo el barniz de la ciencia.
Uno de los fenómenos más engañosos ha sido lo que se denomina “experiencias cercanas a la muerte” (ECM), en que los que “murieron” volvieron a la vida con historias de una vida del más allá. ¡Muchos consideran que estos eventos son prueba de un alma inmortal!
Durante esta semana consideraremos algunos engaños del tiempo del fin, incluyendo el misticismo, las experiencias cercanas a la muerte, la reencarnación, la nigromancia y el culto a los antepasados, entre otros. Se trata de temas peligrosos que debemos tener en cuenta, pero sin exponernos a sus influencias.

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Lección 10 – El fuego del infierno

El poeta italiano Dante Alighieri (1265-1321) escribió su famosa obra La divina comedia, que trata de un viaje ficticio del alma después de la muerte. El alma va al infierno en el interior de la Tierra; o al purgatorio, donde el espíritu humano puede purificarse y hacerse merecedor de ascender al cielo; o al paraíso, a la presencia de Dios mismo.
Aunque solo es ficción, una obra literaria, el mensaje de Dante terminó teniendo muchísima influencia en la teología cristiana, especialmente en la teología católica romana. La noción básica de que el alma inmortal va al infierno, al purgatorio o al paraíso es fundamental para esa iglesia. Muchas confesiones protestantes conservadoras también creen en un alma inmortal que, después de la muerte, asciende al paraíso o desciende al infierno. De hecho, si el alma humana nunca muere, entonces tiene que ir a algún lugar después de que muere el cuerpo. En resumen, una falsa interpretación de la naturaleza humana ha llevado a terribles errores teológicos.
Esta semana nos ocuparemos de algunas de estas teorías no bíblicas, así como de la cosmovisión bíblica de lo que sucede después de la muerte.

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Lección 09 – ¿Pasajes contradictorios?

Pedro nos exhorta: “Estad siempre preparados para presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros” (1 Ped. 3:15). Pablo agrega: “Que prediques la palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina” (2 Tim. 4:2, 3). Por esta razón, no solo debemos considerar aquellos pasajes que se pueden explicar fácilmente y que se ajustan a nuestras creencias, sino también ocuparnos de los pasajes que se usan comúnmente para enseñar algo diferente de lo que creemos.
Para ello, debemos seguir el ejemplo inspirador de Jesús. “Cristo mismo no suprimió una palabra de la verdad, sino que la dijo siempre con amor. […] Nunca fue rudo ni dijo sin necesidad una palabra severa; nunca causó un dolor innecesario a un alma sensible. No censuró la debilidad humana” (DTG 319).
Esta semana estudiaremos algunos pasajes intrigantes que la gente usa para justificar la inmortalidad natural del alma. Estas reflexiones deben fortalecer nuestras convicciones y ayudarnos a responder con amabilidad a quienes cuestionan esta enseñanza fundamental.

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Lección 08 – La esperanza del Nuevo Testamento

Aunque escribieron en griego, todos los autores del Nuevo Testamento (salvo Lucas) eran judíos, y abordaron la naturaleza del ser humano desde la perspectiva holística hebrea bíblica, no desde la perspectiva pagana griega.
Por lo tanto, para Cristo y los apóstoles, la esperanza cristiana no era algo nuevo, sino la prolongación de la antigua esperanza ya impulsada por los patriarcas y los profetas. Por ejemplo, Cristo mencionó que Abraham vio y se gozó de ver su día (Juan 8:56). Judas declaró que Enoc profetizó acerca de la Segunda Venida (Jud. 14, 15). Y los héroes de la fe esperaban una recompensa celestial que no recibirían hasta que nosotros recibiéramos la nuestra (Heb. 11:39, 40). Esta declaración no tendría sentido si sus almas ya estuvieran con Dios en el cielo.
Al enfatizar que solo los que están en Cristo tienen vida eterna (1 Juan 5:11, 12), Juan refuta la teoría de la inmortalidad natural del alma. Efectivamente, no hay vida eterna sin una relación salvífica con Cristo. Por ende, la esperanza del Nuevo Testamento es una esperanza cristocéntrica, y la única esperanza de que esta existencia mortal algún día llegue a ser inmortal.

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Lección 07 – La victoria de Cristo sobre la muerte

La resurrección de Jesús es fundamental para la fe cristiana. Pablo declaró: “Porque si los muertos no resucitan, tampoco Cristo resucitó; y si Cristo no resucitó, vuestra fe es vana; aún estáis en vuestros pecados. Entonces también los que durmieron en Cristo perecieron” (1 Cor. 15:16-18).
Por lo tanto, por más que Pablo destaque la relevancia de la muerte de Cristo (ver 1 Cor. 2:2), esta realmente no nos sirve de nada sin la resurrección. Así de trascendente es la resurrección de Jesús para toda la fe cristiana y el plan de salvación.
Sin embargo, es difícil entender por qué razón la resurrección de Cristo, y con ella nuestra resurrección, son tan importantes si, como muchos creen, los muertos en Cristo ya disfrutan de la dicha celestial ya que se han “ido a casa para estar con el Señor”.
Al margen de todo eso, esta semana consideraremos la resurrección de Cristo y todas las contundentes evidencias que él nos dio para creer en ella.

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Lección 06 – Él murió por nosotros

Se ha dicho que no podemos evitar ni la muerte ni los impuestos. Eso no es totalmente cierto: la gente puede evitar los impuestos, pero no la muerte. Es posible que puedan posponer la muerte unos años, pero, tarde o temprano, la muerte siempre llega. Y, porque sabemos que los muertos (justos e injustos) en un principio acaban en el mismo lugar, nuestra esperanza de la resurrección lo es todo para nosotros. Como dijo Pablo, en esta esperanza, incluso “también los que durmieron en Cristo perecieron” (1 Cor. 15:18), lo cual es algo bastante extraño si los que “durmieron en Cristo” están revoloteando en el cielo en presencia de Dios.
Por lo tanto, la resurrección de Cristo es fundamental para nuestra fe, porque en su resurrección tenemos la seguridad de la nuestra. Pero, antes de que Cristo resucitara de entre los muertos, por supuesto, tenía que morir. Por eso, en medio de la agonía del Getsemaní, anticipándose a su muerte, oró: “Ahora está turbada mi alma; ¿y qué diré? ¿Padre, sálvame de esta hora? Mas para esto he llegado a esta hora” (Juan 12:27). Y su propósito era morir, para darnos vida.
Esta semana nos centraremos en la muerte de Cristo y lo que significa para la promesa de la vida eterna.

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Lección 05 – Resurrecciones antes de la Cruz

Las referencias del Antiguo Testamento a la resurrección que hemos visto hasta ahora se basan mayormente en expectativas personales (Job 19:25-27; Heb. 11:17-19; Sal. 49:15; Sal. 71:20) y en promesas futuras (Dan. 12:1, 2, 13). Sin embargo, también tenemos registros inspirados de casos en los que hubo gente que realmente resucitó de entre los muertos.
La primera resurrección fue la de Moisés (Jud. 9; Luc. 9:28–36). Luego, también resucitaron el hijo de la viuda de Sarepta (1 Rey. 17:8-24) y el hijo de la sunamita (2 Rey. 4:18-37). Cristo, cuando estuvo aquí, en la carne, resucitó al hijo de la viuda de Naín (Luc. 7:11-17), a la hija de Jairo (Luc. 8:40-56) y luego a Lázaro (Juan 11). Estos casos confirman la enseñanza bíblica de la inconsciencia de los muertos (Job 3:11-13; Sal. 115:17; 146:4; Ecl. 9:5, 10). En ninguno de estos relatos, ni en ninguna otra narración bíblica de resurrección, se hace mención de una supuesta experiencia más allá de la muerte.
Esta semana reflexionaremos con más detenimiento sobre las resurrecciones que tuvieron lugar antes de la muerte y la resurrección de Cristo.

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Lección 04 – La esperanza del Antiguo Testamento

La esperanza del Antiguo Testamento no se fundamenta en las ideas griegas sobre la inmortalidad natural del alma, sino en la enseñanza bíblica de la resurrección final de los muertos. Pero ¿cómo podría volver a la vida un cuerpo humano que ya no existe? ¿Cómo puede recuperar su identidad alguien que ha fallecido quizás hace siglos o hasta milenios?
Estas preguntas nos llevan a reflexionar sobre el misterio de la vida. Es- tamos vivos y disfrutamos de la vida que Dios nos concede todos los días. En el principio, Dios trajo la vida a la existencia a partir de la no-vida, mediante el poder de su Palabra (Gén. 1; Sal. 33:6, 9). Entonces, si Dios al principio pudo crear vida en la Tierra de la nada (en latín, ex nihilo), ¿por qué deberíamos dudar de su capacidad para recrear la vida humana y restaurar su identidad original?
Esta semana reflexionaremos sobre el desarrollo de la noción de la resurrección final en épocas del Antiguo Testamento, con especial énfasis en las declaraciones de Job, de algunos salmistas y de los profetas Isaías y Daniel.

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Lección 03 – Comprendamos la naturaleza humana

La tensión entre la palabra de Dios: “Ciertamente morirás” (Gén. 2:16, 17) y la promesa falsa de Satanás: “Ciertamente no morirán” (Gén. 3:4, RVA-2015) no se limita al Jardín del Edén. Ha resonado a lo largo de la historia. Muchos intentan armonizar las palabras de Satanás con las de Dios. Para ellos, la advertencia “morirás” se refiere solo al cuerpo físico perecedero, mientras que la pro- mesa “ciertamente no morirán” sería una alusión a un alma o espíritu inmortal.
Pero, este planteamiento no funciona. Por ejemplo, ¿se pueden armonizar las palabras contradictorias de Dios y de Satanás? ¿Existe un alma o espíritu inmaterial que sobrevive conscientemente a la muerte física? Hay muchos intentos filosóficos, e incluso científicos, para responder estas preguntas. Pero, como cristianos cuyo fundamento es la Biblia, debemos reconocer que solo el Dios todopoderoso, aquel que nos creó, también nos conoce perfectamente (ver Sal. 139). Por lo tanto, solo en su Palabra, las Escrituras, podemos encontrar respuestas a estas preguntas cruciales.
Esta semana consideraremos de qué manera el Antiguo Testamento define la naturaleza humana y la condición de los seres humanos al morir.

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Lección 02 – Muerte en un mundo pecaminoso

Cuando Dios el Padre le confirió un honor especial a Cristo y anunció que juntos crearían este mundo, “Lucifer estaba envidioso y tenía celos de Jesucristo” (HR 16), y conspiró contra él.
Como fue expulsado del cielo, Satanás decidió “destruir la felicidad de Adán y de Eva” en la Tierra, y así “causar tristeza en el cielo”. Imaginó que “si de alguna manera podía inducirlos [a Adán y a Eva] a desobedecer, Dios haría algo para perdonarlos; entonces él y todos los ángeles caídos dispondrían de una buena oportunidad para compartir con ellos la misericordia de Dios” (HR 29, 30). Plenamente consciente de la estrategia de Satanás, Dios advirtió a Adán y a Eva que no se expusieran a la tentación (Gén. 2:16, 17). Esto significa que, aun cuando el mundo todavía era perfecto e inocente, ya había claras restricciones para que los seres humanos las obedecieran.
Esta semana reflexionaremos sobre la caída de Adán y de Eva, sobre cómo el pecado y la muerte se apoderaron de este mundo y cómo Dios plantó una semilla de esperanza para la humanidad ya desde el Edén.

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