«Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.» Mateo 4:4

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Lección 12 – José, príncipe de Egipto

José es ahora autoridad de Egipto, y sus propios hermanos se postrarán ante él sin saber quién es (Gén. 42). Los hermanos de José se humillarán cuando José los obligue a regresar con Benjamín (Gén. 43) y, cuando la seguridad de Benjamín se vea amenazada, a su entender (Gén. 44), suplicarán gracia ante este hombre poderoso, a quien ven “como Faraón”. Al final, cuando José revele su identidad, comprenderán que, a pesar de lo que habían hecho, Dios había sacado algo bueno de todo esto.
Curiosamente, toda la secuencia de eventos que sigue, que se suponía que tendría que ser sobre el éxito de José, trata más del arrepentimiento de sus her- manos. Los viajes de ida y vuelta desde José hasta su padre, y los obstáculos que encuentran, los hicieron recordar sus actos malvados hacia José y su padre, y se dieron cuenta de su iniquidad para con Dios. Los hermanos de José viven toda esa experiencia como un juicio divino. Y, sin embargo, el conmovedor final, que hace llorar y alegrar a todos, también contiene un mensaje de perdón para ellos, a pesar de sus injustificables actos de maldad.

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Lección 11 – José, experto en sueños

La historia de José (Gén. 37-50) abarca la última parte del libro de Génesis, desde sus primeros sueños en Canaán (Gén. 37:1-11) hasta su muerte en Egipto (Gén. 50:26). De hecho, José ocupa más espacio en el libro de Génesis que cualquier otro patriarca. Aunque José es solo uno de los hijos de Jacob, Génesis lo presenta como un gran patriarca, como Abraham, Isaac y Jacob.
Como veremos también, la vida de José destaca dos importantes verdades teológicas: en primer lugar, Dios cumple sus promesas; en segundo lugar, Dios puede convertir el mal en bien.
En el estudio de esta semana, nos centraremos en los primeros años de vida de José. Es el hijo preferido de Jacob, al que irónicamente se lo apoda bá‘al hajalomot, el “soñador” (Gén. 37:19), que significa literalmente “experto en sueños”. Este título le sienta muy bien, porque no solo recibe, entiende e interpreta los sueños proféticos, sino también los cumple en su vida.
En estos capítulos veremos nuevamente que la providencia de Dios se afianza, a pesar de la maldad y la perversidad del corazón humano.

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Lección 10 – Jacob-Israel

La saga familiar de Jacob continúa, con sus cosas buenas y malas. Sin embargo, a pesar de todo, se revelan la mano de Dios y su fidelidad a las promesas del Pacto. Esta semana veremos más de Jacob, ahora que dejó a Labán y, al regresar a casa, tuvo que enfrentarse a Esaú, la víctima de la traición de Jacob. ¿Qué le haría ahora su hermano, tan gravemente perjudicado?
Afortunadamente para Jacob, en medio del temor de lo que ocurriría, el Señor Dios de sus padres volvió a aparecerle en un incidente que fue un precursor de lo que posteriormente se conocería como el “tiempo de angustia de Jacob” (ver Jer. 30:5–7). Y esa noche Jacob, el suplantador, se convirtió en “Israel”, un nuevo nombre para un nuevo comienzo, comienzo que finalmente conduciría a la creación de una nación que llevaría su nombre en su honor.
En otras palabras, a pesar de todo lo que sucede, las Escrituras relatan la historia de los patriarcas y su familia para mostrarnos que Dios es fiel en cumplir lo que prometió y que lo hará a pesar de que, a veces, al parecer su pueblo haga todo lo posible para impedir ese cumplimiento.

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Lección 09 – Jacob, el suplantador

Ahora retomamos la historia familiar de Isaac, el hijo del milagro y predecesor de la simiente prometida. Sin embargo, la historia no comienza particularmente bien. El carácter defectuoso de su hijo Jacob se manifestará en la rivalidad entre los dos hermanos por la primogenitura (Gén. 25:27–34) y, por consiguiente, en el derecho a obtener la bendición de Isaac (Gén. 27).
Como Jacob engaña a su padre y le roba la bendición a su hermano mayor, tendrá que huir para salvar su vida. En el exilio, Dios lo confronta en Betel (Gén. 28:10-22). Desde entonces, Jacob, el engañador, también sufrirá algunos desengaños. En vez de Raquel, a quien Jacob amaba (Gén. 29), le llevaron a Lea, la hija mayor, y él tendrá que trabajar catorce años para ganarse a sus esposas.
Sin embargo, Jacob también experimentará la bendición de Dios, porque en el exilio tendrá a sus doce hijos y Dios aumentará su riqueza.
Por lo tanto, en todo lo demás que veamos en esta historia, podremos ver que Dios cumplirá las promesas de su pacto, de una u otra forma, sin importar la frecuencia con la que su pueblo falle.

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Lección 08 – La promesa

Finalmente, como Dios había prometido, Sara le dio a Abraham un hijo, “en su vejez” (Gén. 21:2), y llamó al bebé Isaac (ver Gén. 21:1–5). Pero la historia de Abraham está lejos de concluir, y llega a su momento culminante cuando él lleva
a su hijo al monte Moriah para ser sacrificado. Sin embargo, Isaac es reemplazado por un carnero (Gén. 22:13), lo que implicaba el compromiso de Dios de bendecir a las naciones por intermedio de su “simiente” (Gén. 22:17, 18). Esa simiente, por supuesto, era Jesús (Hech. 13:23). Por lo tanto, en esta historia asombrosa (y en cierto modo preocupante) se revelan más elementos del plan de salvación.
Más allá de las profundas lecciones espirituales que hayan sacado de esta experiencia, no obstante, la familia de Abraham debió haberse visto sacudida, y el futuro de Abraham no está claro. Sara muere inmediatamente después del sacrificio en Moriah (Gén. 23) e Isaac continúa soltero.
Entonces, Abraham toma la iniciativa para asegurarse de que tendrá un fu- turo “adecuado”. Arregla el matrimonio de su hijo con Rebeca (Gén. 24), quien dará a luz a dos hijos (Gén. 25:21-23), y el mismo Abraham se casa con Cetura, quien le dará muchos hijos (Gén. 25:1-6). Esta semana, seguiremos a Abraham hasta el final de su vida (Gén. 25:7-11).

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Lección 07 – El pacto con Abraham

Con Génesis 15, llegamos al momento decisivo en que Dios formaliza su pacto con Abraham. El pacto abrahámico es el segundo pacto, después del pacto con Noé.
Al igual que el pacto con Noé, el pacto con Abraham atañe a otras naciones también porque, en última instancia, el pacto con Abraham es parte del Pacto eterno que se ofrece a toda la humanidad (Gén. 17:7; Heb. 13:20).
Este episodio de la vida de Abraham está lleno de temor y risas. Abram tiene miedo (Gén. 15:1), al igual que Sara (Gén. 18:15) y Agar (Gén. 21:17). Abram se ríe (Gén. 17:17); Sara (Gén. 18:12) e Ismael, también (Gén. 21:9 connota risa burlona). Estos capítulos resuenan con la sensibilidad y la calidez humanas. A Abram le apasiona la salvación de los malvados sodomitas; se preocupa por Sara, Agar y Lot; y es hospitalario con los tres extranjeros (Gén. 18:6).
En ese contexto, Abram, cuyo nombre implica nobleza y respetabilidad, cambiará su nombre a Abraham, que significa “Padre de muchedumbre de gentes” (Gén. 17:5). Por lo tanto, aquí vemos más indicios de la naturaleza universal de lo que Dios planea hacer mediante su pacto con Abraham.

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Lección 06 – Las raíces de Abraham

Ahora hemos llegado al centro del libro de Génesis. Esta sección central (Gén. 12-22) cubrirá el viaje de Abraham, desde el primer llamado de Dios, lej lejá, “Vete” (Gén. 12:1), que lleva a Abraham a dejar su pasado, hasta el segundo llamado de Dios, lej lejá, “vete” (Gén. 22:2), que lleva a Abraham a dejar su futuro (representado en la existencia de su hijo). Como resultado, Abraham está siempre en movimiento, siempre migrando, razón por la que también se lo llama “extranjero” (Gén. 17:8, NTV).
En su peregrinación, Abraham está suspendido en el vacío, sin su pasado, que ha perdido, y sin su futuro, que no ve. Entre estos dos llamados, que en- marcan el viaje de fe de Abraham, Abraham escucha la voz de Dios, que lo tranquiliza: “No temas” (Gén. 15:1). Estas dos palabras de Dios marcan las tres secciones del viaje de Abraham, que estudiaremos en las semanas 6, 7 y 8.
Abraham ejemplifica la fe (Gén. 17:6) y en las Escrituras hebreas se lo re- cuerda como el hombre fiel (Neh. 9:7, 8). En el Nuevo Testamento, Abraham es una de las figuras veterotestamentarias más mencionadas, y esta semana comenzaremos a ver por qué.

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Lección 05 – Todas las naciones y Babel

Después del Diluvio, cambia el enfoque del relato bíblico: del personaje único, Noé, a sus tres hijos, “Sem, Cam y Jafet”. La atención especial puesta en Cam, el padre de Canaán (Gén. 10:6, 15), introduce la idea de “Canaán”, la Tierra Prometida (Gén. 12:5), un anticipo de Abraham, cuya bendición llegaría a todas las naciones (Gén. 12:3).
Sin embargo, la torre de Babel rompe el linaje (Gén. 11:1-9). Una vez más, los planes de Dios para la humanidad se ven interrumpidos. Las naciones se unen para tratar de ocupar el lugar de Dios; Dios responde con juicio sobre ellas; y, mediante la confusión resultante, la gente se esparce por todo el mundo (Gén. 11:8), y cumple así el plan original de Dios de “llena[r] la tierra” (Gén. 9:1).
Finalmente, a pesar de la maldad humana, Dios transforma el mal en bien; como siempre, él tiene la última palabra. La maldición de Cam en la tienda de su padre (Gén. 9:21, 22) y la maldición de las naciones confundidas en la torre de Babel (Gén. 11:9) con el tiempo se convertirán en una bendición para las naciones.

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Lección 04 – El Diluvio

“Y vio Jehová que la maldad de los hombres era mucha en la tierra, y que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal” (Gén. 6:5). El verbo “vio” (Gén. 6:5) recuerda al lector cada paso de la Creación inicial de Dios. Pero lo que Dios ve ahora, en lugar de tov, “bueno”, es ra‘, “mal” (Gén. 6:5). Es como si Dios se hubiera arrepentido de haber creado el mundo, ahora lleno de ra‘ (Gén. 6:5).
Y con todo, el arrepentimiento de Dios también contiene elementos de sal- vación. La palabra hebrea para “arrepentirse” (najam) tiene un eco en el nombre de Noé (Nóaj), que significa “alivio” (Gén. 5:29). Por lo tanto, la respuesta de Dios a esta maldad tiene dos caras. Contiene la amenaza de justicia, que lleva a la destrucción de algunos; y aun así, su respuesta promete consuelo y misericordia, lo que lleva a la salvación de otros también.
Esta “doble voz” ya se escuchó con Caín y Abel/Set, y se repitió mediante el contraste entre los dos linajes: el de Set (los “hijos de Dios”) y el de Caín (los “hijos de los hombres”). Ahora la volvemos a escuchar cuando Dios distingue entre Noé y el resto de la humanidad.

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Lección 03 – Caín y su legado

En Génesis, inmediatamente después de la Caída, y de la expulsión de Adán y de Eva del Edén, principalmente vienen nacimientos y muertes, todo en cumplimiento de las profecías de Dios en el capítulo anterior. Al ser capítulos
paralelos, Génesis 3 y 4 contienen muchos temas y palabras en común: descripciones del pecado (Gén. 3:6-8; comparar con Gén. 4:8), maldiciones de la ‘adamá, “tierra” (Gén. 3:17; comparar con Gén. 4:11) y expulsión (Gén. 3:24; comparar con Gén. 4:12, 16).
La razón de estos paralelismos es resaltar el cumplimiento de lo que su- cedió antes, las profecías y las predicciones que Dios les había dado a Adán y a Eva después de la Caída. El primer hecho después de la expulsión de Adán está lleno de esperanza: es el nacimiento del primer hijo, un evento que Eva ve como el cumplimiento de la promesa que oyó en la profecía mesiánica (Gén. 3:15). Es decir, pensó que él podría ser el Mesías prometido.
Los siguientes eventos –el crimen de Caín, el crimen de Lamec, la disminución de la longevidad y el aumento de la maldad– son todos cumplimientos de la maldición pronunciada en Génesis 3.
Sin embargo, aun así no todo está perdido.

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